Roberto Conesa: el policía que atravesó tres Españas

De las Juventudes Socialistas a la Brigada Político-Social y la Transición: la historia de un hombre que entendió antes que nadie que la información era más poderosa que las armas

Hay personajes históricos cuya importancia no reside tanto en lo que dijeron como en lo que supieron. Apenas aparecen en los discursos oficiales, rara vez protagonizan documentales y, sin embargo, su sombra atraviesa décadas enteras. Roberto Conesa pertenece a esa categoría.

Su nombre aparece unido a la Guerra Civil, a la represión de la posguerra, a la lucha contra la clandestinidad comunista, a la Guerra Fría e incluso a la España de la Transición. Pocos funcionarios españoles permanecieron durante tanto tiempo en posiciones de relevancia dentro de los servicios policiales.

¿Cómo pudo un joven vinculado a las Juventudes Socialistas Unificadas terminar convertido en uno de los hombres más importantes de la policía política del franquismo y seguir siendo considerado útil durante la Transición?

Responder a esa cuestión obliga a mirar más allá de la biografía, nos obliga a comprender cómo funcionan realmente los servicios de información.


Una juventud marcada por la Guerra Civil

Roberto Conesa nació en Madrid en 1917. y como tantos jóvenes de su generación, la Guerra Civil condicionó completamente su vida. Antes del conflicto estuvo relacionado con las Juventudes Socialistas Unificadas, ( JSU ) organización creada en 1936 mediante la unión de las juventudes socialistas y comunistas. Aquella militancia inicial ha dado lugar a numerosas interpretaciones posteriores ya que algunos autores consideran que fue un convencido militante de izquierdas mientras que otros sostienen que ya entonces actuaba como informador.

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Tras el cambio de Régimen

Tras la victoria franquista ingresó en la policía lo cual no era una trayectoria habitual ya que muchos antiguos miembros de organizaciones republicanas sufrieron depuraciones, prisión o exilio Conesa, por el contrario, terminó desarrollando una brillante carrera dentro de los organismos de seguridad del nuevo régimen y aquello ya despertó sospechas entre algunos de sus contemporáneos ya que las JSU fueron una de las organizaciones juveniles más importantes de la izquierda republicana y que tras la guerra fueron prácticamente desmanteladas por la policía. Uno de los policías que acabaría especializándose precisamente en combatir esas organizaciones era el antiguo miembro de las JSU: Roberto Conesa.

La formación en La gestapo y en la CIA

Las investigaciones históricas coinciden en señalar que consiguió introducirse en organizaciones clandestinas, especialmente en el Partido Comunista de España, reconstruyendo sus estructuras antes de proceder a grandes operaciones policiales y su labor supuso un duro golpe para una oposición que intentaba reorganizarse en la clandestinidad durante los años cuarenta.

«La colaboración de Roberto Conesa con la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial aparece recogida en diversas investigaciones históricas. Sin embargo, la afirmación de que recibiera formación específica de la policía política nazi no cuenta, hasta donde alcanza la documentación conocida, con un respaldo documental equivalente. En cambio, sí está acreditado mediante su expediente oficial que en 1958 realizó un curso de capacitación de dos meses en Washington organizado por la CIA, especializado en sabotaje y lucha anticomunista.»

Infiltración y creación de opositores en los años 40 y 50

La gran etapa de infiltraciones personales de Conesa corresponde sobre todo a los años 40 y primeros 50. En los años 60 y 70, ya convertido en comisario y después jefe de la Brigada Político-Social, su papel fue más el de dirigir y coordinar redes de infiltrados, confidentes y operaciones policiales, más que actuar él mismo como agente encubierto.

Uno de los documentos más interesantes es una carta de 1952 del jefe superior de Policía de Madrid, incorporada a su expediente personal. En ella se afirma literalmente que Roberto Conesa:

«Para el mejor conocimiento de los manejos de los enemigos del régimen, y con riesgo evidente de su vida, se infiltra en sus propias filas.»

Además, su expediente oficial recoge infiltraciones en:

  • el Socorro Rojo Internacional;
  • el Partido Comunista de España (PCE);
  • organizaciones clandestinas en Madrid;
  • redes comunistas en Zaragoza;
  • Lleida;
  • Toulouse (Francia) – centro de exiliados opositores –

Años 60 y 70

Los testimonios de antiguos dirigentes del PCE, de Comisiones Obreras y de la oposición clandestina coinciden en que Conesa era considerado el gran especialista en:

  • captación de confidentes;
  • dobles agentes;
  • infiltración policial;
  • desarticulación de estructuras clandestinas.

Aparece documentado es que utilizaba una metodología basada en:

  • infiltrar agentes;
  • convertir militantes en confidentes;
  • controlar desde dentro células clandestinas;
  • dejar evolucionar determinados grupos hasta identificar toda la red antes de detenerla.

Eso era una técnica clásica de los servicios de información de la época y está bien documentada en el caso del PCE y otras organizaciones clandestinas.

Su mayor exito: La resolución de los secuestros de Oriol y Villaescusa

El invierno de 1976-1977 fue uno de los momentos más delicados de la Transición. El Gobierno de Adolfo Suárez impulsaba la reforma política mientras el país sufría una fuerte tensión: terrorismo de ETA, violencia de extrema derecha, movilización obrera y la aparición de los GRAPO como organización armada.

En ese contexto, los GRAPO secuestraron dos de las principales autoridades del Estado:

  • Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado, el 11 de diciembre de 1976.
  • Emilio Villaescusa Quilis, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el 24 de enero de 1977.

El objetivo declarado era forzar la liberación de varios presos políticos y demostrar la capacidad operativa de la organización. El secuestro simultáneo de dos figuras de tan alto nivel generó una enorme crisis institucional.

En aquel momento Conesa ya no dirigía la antigua Brigada Político-Social. Había sido destinado como jefe superior de Policía de Valencia.

Ante la gravedad de la situación, el ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, decidió llamarlo de urgencia a Madrid para asumir la coordinación de la investigación. La decisión no fue casual: Conesa gozaba de una enorme reputación dentro del aparato policial como especialista en infiltración, confidentes y desarticulación de organizaciones clandestinas

Él explicó que no creó un equipo convencional, sino que seleccionó un reducido grupo de inspectores jóvenes con experiencia en investigaciones complejas y centralizó toda la información dispersa que manejaban las distintas unidades policiales.

Según los datos oficiales, la investigación movilizó unas 38.000 horas de trabajo policial.

Todo indica que la operación se apoyó en varios elementos:

  • vigilancia continuada de sospechosos;
  • seguimiento de pisos francos;
  • explotación intensiva de confidentes;
  • interrogatorios de militantes detenidos;
  • coordinación centralizada de toda la información.

La localización del piso donde permanecían retenidos los secuestrados fue consecuencia de esa acumulación de información, aunque las autoridades nunca explicaron con detalle cuál fue el dato decisivo.

La liberación de los secuestrados

El 11 de febrero de 1977, apenas once días después de que Conesa asumiera la dirección operativa del caso, la policía irrumpió en un piso de Madrid donde permanecían retenidos Oriol y Villaescusa.

Los dos fueron liberados con vida y sin que se produjera un tiroteo de entidad durante el rescate. La operación fue presentada por el Gobierno como uno de los mayores éxitos policiales de la Transición y convirtió a Conesa en un personaje muy conocido para la opinión pública

Las controversias

Debemos separar hechos de interrogantes. Pocos meses después comenzaron a surgir numerosas dudas sobre algunos aspectos de la versión oficial.

  • contradicciones en la reconstrucción policial de los secuestros;
  • lagunas sobre cómo se localizó exactamente el piso;
  • discrepancias respecto al desarrollo del operativo;
  • ausencia de explicaciones completas sobre determinados detalles de la investigación.

El propio El País publicó en 1979 un análisis señalando que las explicaciones oficiales contenían «numerosas lagunas y contradicciones».

Además, durante aquellos años algunos sectores políticos y periodísticos llegaron a plantear la posibilidad de que los GRAPO hubieran estado infiltrados o manipulados en determinados momentos. Sin embargo, esas sospechas nunca fueron demostradas documentalmente y forman parte del debate historiográfico, no de los hechos acreditados


¿Un represor, un inductor de delitos, un creador de grupos terroristas o un brillante profesional?

Para numerosos opositores al franquismo, Roberto Conesa simboliza la persecución política y la dureza de la Brigada Político-Social,para determinados sectores policiales, representa uno de los investigadores e infiltrados más eficaces de la historia contemporánea española con una trayectoria que va de la guerra civil a la instauración del régimen democratico pasando por el franquismo.

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