La historia suele juzgar a los hombres por los acontecimientos que protagonizaron. Sin embargo, en algunos casos resulta igualmente interesante examinarlos por aquello que creyeron ver antes que los demás. Mohamed Alí Seineldín pertenece a esa categoría. Militar, veterano de la Guerra de las Malvinas, nacionalista convencido y protagonista de los levantamientos carapintadas,
Reducir a Seineldín exclusivamente a las rebeliones militares de 1988 y 1990 supone, sin embargo, dejar fuera una parte fundamental de su pensamiento. Detrás del hombre de acción existía una concepción estratégica de Argentina y de su posición en el mundo. Seineldín estaba convencido de que las grandes amenazas contra un Estado no necesariamente comienzan con una invasión militar. Podían comenzar mucho antes, cuando una nación pierde capacidad económica, industria, defensa, cohesión social, control sobre sus recursos y, finalmente, libertad para decidir su propio destino. Su gran temor era que Argentina terminara convirtiéndose en un país formalmente independiente, pero progresivamente debilitado hasta hacer posible su fragmentación territorial, económica o política.
Un militar formado para pensar el territorio
Para comprender esa visión hay que recordar que Seineldín no fue un oficial dedicado a tareas administrativas. Se especializó en comandos y fuerzas especiales y alcanzó un considerable prestigio profesional dentro de determinados sectores del Ejército. Durante la Guerra de las Malvinas participó en la recuperación de las islas y posteriormente tuvo responsabilidades en la defensa de la pista de Puerto Argentino.
Malvinas representó para él mucho más que una guerra . La experiencia confirmó una idea que atravesaría posteriormente todo su pensamiento: Argentina poseía un territorio extraordinariamente extenso, enormes recursos naturales y una posición estratégica excepcional, pero carecía de un poder nacional equivalente a esas dimensiones ya que existe una diferencia fundamental entre poseer territorio y tener capacidad efectiva para defenderlo y el Coronel Seineldín comprendía perfectamente esa diferencia.
Desde una perspectiva estrictamente estratégica, Argentina presenta unas características extraordinarias. Posee una enorme extensión continental, una de las mayores plataformas marítimas del planeta, acceso privilegiado al Atlántico Sur, proximidad con la Antártida, reservas de agua dulce, grandes superficies agrícolas y ganaderas, minerales estratégicos y enormes recursos energéticos. Pero precisamente esa riqueza podía convertirse, según su razonamiento, en una vulnerabilidad ya que un país territorialmente enorme, escasamente poblado en algunas regiones y progresivamente debilitado podía encontrar dificultades crecientes para ejercer una soberanía efectiva sobre todo su espacio.
La derrota podía producirse sin guerra
Quizá uno de los aspectos más interesantes del pensamiento de Seineldín fue entender la defensa nacional en términos mucho más amplios que la simple capacidad militar. Una nación no se defiende únicamente con soldados puesto que necesita industria, tecnología, energía, comunicaciones, infraestructuras, educación, población, cohesión social y unas instituciones capaces de mantener proyectos estratégicos durante décadas.
Cuando compareció ante la Justicia después del levantamiento de diciembre de 1990, Seineldín desarrolló parte de estas ideas en su conocido alegato sobre el «Nuevo Orden Mundial». Allí denunció lo que interpretaba como un proceso de desmantelamiento de la defensa nacional y de destrucción del aparato productivo argentino.
Su interpretación del orden internacional contenía elementos ideológicos. Pero dentro de aquella construcción existía una intuición estratégica que merece ser analizada: un Estado que pierde los instrumentos materiales de su soberanía acaba perdiendo también autonomía política.
La dependencia económica podía convertirse en dependencia estratégica y por tanto la dependencia estratégica podía terminar comprometiendo la integridad nacional.
El peligro de una Argentina fragmentada
Seineldín no imaginaba necesariamente que Argentina fuera a desaparecer de un día para otro ni que sus provincias fueran inmediatamente a convertirse en Estados independientes. Su preocupación era más profunda: temía un proceso gradual mediante el cual diferentes partes del territorio fueran quedando sometidas a intereses económicos y estratégicos que el Estado argentino ya no tendría capacidad suficiente para controlar. Desde esa perspectiva resultaban especialmente sensibles la Patagonia, el Atlántico Sur, las Malvinas y la proyección antártica.
Su razonamiento partía de una realidad geográfica difícilmente discutible. Argentina concentra buena parte de su población en una porción relativamente reducida del territorio mientras dispone de enormes espacios con densidades demográficas muy bajas. Para un estratega militar, población y territorio están inevitablemente relacionados.
Un territorio prácticamente vacío, económicamente dependiente y mal comunicado con los grandes centros políticos constituye una vulnerabilidad potencial. No significa que necesariamente vaya a perderse, pero exige una política permanente de integración territorial. La solución de Seineldín no consistía simplemente en aumentar el número de soldados. Su concepto de soberanía implicaba poblar, industrializar, comunicar y desarrollar esas regiones. Defender la Patagonia significaba también conseguir que hubiera argentinos viviendo, produciendo y desarrollándose en ella.
Malvinas como advertencia histórica
Malvinas ocupaba inevitablemente el centro de esta concepción. Para Seineldín, la guerra de 1982 había demostrado brutalmente que las relaciones internacionales continuaban estando determinadas por el poder. Las declaraciones diplomáticas y los organismos internacionales podían resultar importantes, pero no sustituían la capacidad económica, tecnológica y militar de una nación. Argentina había descubierto esa realidad de la manera más dolorosa.
Seineldín estuvo presente en diferentes fases del conflicto y fue posteriormente condecorado, junto con los demás veteranos, por el Congreso argentino. Su experiencia contribuyó decisivamente a formar su interpretación posterior del mundo. Malvinas no era para él simplemente una disputa territorial pendiente si no que era una posición estratégica.
Quien observa un mapa del Atlántico Sur comprende inmediatamente su importancia. Las islas se encuentran relacionadas geográficamente con las rutas marítimas, los recursos pesqueros y energéticos del Atlántico Sur y la proyección hacia la Antártida. Por eso Seineldín consideraba peligroso contemplar Malvinas como un problema aislado. En su pensamiento formaba parte de una cuestión mucho mayor: la capacidad argentina para conservar su presencia soberana en el Atlántico Sur durante el siglo XXI.
La importancia estratégica de los recursos naturales
Otro elemento que adquiere particular interés visto desde nuestro tiempo es la importancia que Seineldín concedía a los recursos. Durante buena parte del siglo XX, la potencia internacional estuvo asociada fundamentalmente con la industria pesada, el petróleo y la capacidad militar. El siglo XXI ha ampliado considerablemente esa ecuación. El agua, los alimentos, el gas, el petróleo, el litio, los minerales críticos, la biodiversidad y los espacios marítimos poseen hoy un valor geopolítico creciente y Argentina dispone precisamente de muchos de ellos.
Vaca Muerta ha convertido al país en propietario de una de las grandes reservas mundiales de hidrocarburos no convencionales. Argentina forma además parte del denominado triángulo del litio sudamericano y posee enormes reservas de agua dulce, capacidad agrícola excepcional y una gigantesca extensión marítima. El problema que habría planteado Seineldín resulta perfectamente reconocible: ¿tener esos recursos significa necesariamente controlarlos? la respuesta es claramente » No. «
La soberanía sobre los recursos exige capital, conocimiento, tecnología, infraestructura y capacidad política. De lo contrario puede producirse una paradoja histórica: una nación extraordinariamente rica en recursos cuyos habitantes dependen de decisiones tomadas fuera de sus fronteras.
El debilitamiento de las Fuerzas Armadas
Seineldín observó también con enorme preocupación el deterioro de las capacidades militares argentinas después de Malvinas. Argentina debía resolver después de la dictadura una tarea extremadamente difícil: construir unas Fuerzas Armadas plenamente democráticas sin renunciar a disponer de una defensa nacional eficaz. Seineldín consideró que el país estaba haciendo algo diferente: estaba destruyendo su capacidad militar.
Desde su perspectiva, un Estado con millones de kilómetros cuadrados terrestres y marítimos, una reclamación territorial abierta, intereses antárticos y enormes recursos naturales no podía permitirse carecer de instrumentos suficientes para vigilar y proteger esos espacios y esta cuestión continúa siendo estratégicamente pertinente
El verdadero valor de su pensamiento
Algunas de sus interpretaciones internacionales estuvieron profundamente condicionadas por su nacionalismo católico y por una visión crítica del llamado «Nuevo Orden Mundial». mas alla de eso el verdadero interés en su pensamiento está en otra parte.
Pensaba estratégicamente.
Y pensar estratégicamente significa intentar comprender no solamente qué está sucediendo hoy, sino qué consecuencias puede producir dentro de veinte, treinta o cincuenta años. Mientras gran parte de la política democrática necesariamente trabaja con horizontes electorales de cuatro años, el pensamiento estratégico trabaja con generaciones.
¿Qué población tendrá la Patagonia dentro de cincuenta años?
¿Quién controlará los recursos del Atlántico Sur?
¿Qué importancia tendrá la Antártida?
¿Quién explotará los minerales argentinos?
¿Tendrá Argentina tecnología propia?
¿Podrá defender su espacio aéreo y marítimo?
¿Será capaz de producir los elementos fundamentales para su economía?
¿Mantendrá suficiente cohesión económica entre sus provincias?
Esas son preguntas estratégicas. Y son precisamente el tipo de preguntas que preocupaban a Seineldín. Y esas respuestas en la realidad de la Argentina de 2026 tienen respuesta, ello nos lleva a ver la visión de futuro
Una advertencia que merece ser estudiada
Mohamed Alí Seineldín murió en 2009. Argentina no se ha desintegrado formalmente como territorio, pero todos los puntos que se señalaban de pérdida de independencia, de autonomia, de influencia extranjera estan a la vista.
Más de tres décadas después de su enfrentamiento con el gobierno de Carlos Menem, deuda, desarrollo industrial, control de recursos naturales, despoblación territorial, Malvinas, Atlántico Sur, Antártida, capacidad militar y dependencia tecnológica. no se han resuelto y la situación es altamente preocupante.
Seineldín perteneció a una tradición militar y política que concebía Argentina no simplemente como una administración territorial, sino como un proyecto nacional que debía mantenerse durante generaciones. Su mayor advertencia podría resumirse de una manera mucho más sencilla que todas sus teorías sobre el orden internacional:
los países no comienzan a desaparecer cuando pierden territorio; comienzan a debilitarse mucho antes, cuando pierden la capacidad de decidir por sí mismos qué hacer con él.
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