Baal, Moloch y los sacrificios humanos

Hablar de sacrificios humanos en las religiones de la Antigüedad plantea un problema curioso. Durante mucho tiempo se aceptaron casi sin discusión los relatos más terribles transmitidos por autores antiguos. Después llegó una reacción comprensible: muchos historiadores comenzaron a preguntarse cuánto había de realidad y cuánto de propaganda contra pueblos enemigos.

El resultado ha sido, en ocasiones, desconcertante.

Uno lee que los cartagineses sacrificaban niños a sus dioses. Después descubre que algunos investigadores lo discuten. Continúa leyendo y encuentra cementerios con miles de restos infantiles, inscripciones religiosas y testimonios antiguos. Inmediatamente aparece otro especialista explicando que quizá aquellos niños murieron por causas naturales.

Porque sí: existen razones serias para pensar que determinadas sociedades del antiguo Mediterráneo y Próximo Oriente practicaron sacrificios humanos y, en circunstancias concretas, sacrificios infantiles.

Baal y Moloch no son lo mismo

Baal y Moloch no pueden utilizarse simplemente como nombres diferentes de una misma divinidad.  Baal es originalmente un término semítico que significa aproximadamente «señor», «amo» o «dueño» y que fue utilizado como título para diferentes divinidades.

El Baal que conocemos especialmente gracias a los textos de Ugarit es Baal/Hadad, poderoso dios de la tormenta, de la lluvia y de las fuerzas relacionadas con la fertilidad de la tierra.

Moloch —también escrito Molech o Moloc— constituye un problema histórico diferente dado que aparece especialmente en los textos bíblicos relacionado con una práctica terrible: hacer “pasar por el fuego” a hijos e hijas.

Podemos afirmar algo con seguridad: Identificar automáticamente a Moloch con Baal es incorrecto.

¿Existieron realmente sacrificios humanos en la Antigüedad?

El sacrificio humano no es simplemente una invención creada posteriormente para desacreditar religiones antiguas ya que está documentado, con diferentes grados de certeza y diferentes características, en diversas sociedades humanas.

Lo encontramos asociado a contextos muy diferentes:

  • funerales de personajes importantes;
  • guerras;
  • situaciones de emergencia;
  • fundaciones;
  • rituales religiosos;
  • sacrificios de prisioneros;
  • ofrendas destinadas a obtener el favor de una divinidad.

No todas las culturas antiguas lo practicaran ni que aquellas que lo hicieron mantuvieran la práctica permanentemente, pero la idea de entregar una vida humana a una divinidad no resultaba inconcebible dentro del pensamiento religioso antiguo. y tampoco fue exclusiva de los pueblos semíticos.

Existen testimonios de sacrificios humanos relacionados también con diferentes culturas indoeuropeas y mediterráneas. La diferencia se encuentra en cuándo, cómo, con qué frecuencia y con qué significado se realizaban.

La Biblia y el sacrificio de los hijos

La Biblia hebrea contiene algunas de las referencias más conocidas, en el Levítico encontramos una prohibición explícita de entregar descendientes a Moloch. En Jeremías aparecen condenas contra quienes construyeron lugares de culto para quemar a sus hijos e hijas. En otros textos encontramos expresiones semejantes relacionadas con hacer pasar a los hijos «por el fuego»..

Los propios israelitas aparecen acusados de realizar estas prácticas. Los profetas bíblicos no están condenando únicamente algo que supuestamente hacían «los otros». En diferentes pasajes denuncian que miembros del propio pueblo de Israel habían participado en prácticas semejantes. El Segundo Libro de los Reyes, por ejemplo, atribuye al rey Acaz haber hecho pasar a su hijo por el fuego y algo semejante se afirma del rey Manasés.

Estas referencias no permiten reconstruir exactamente cómo se desarrollaban todos esos rituales, pero hacen difícil reducir toda la cuestión a una simple invención contra extranjeros, es evidente que existía una preocupación real alrededor del sacrificio de niños.

El inquietante relato de Abraham e Isaac

Existe además un episodio bíblico extraordinariamente conocido. Abraham recibe la orden divina de sacrificar a su hijo Isaac y este prepara el altar, coloca la leña, ata al muchacho, levanta el cuchillo y en el último momento……. un ángel detiene el sacrificio. Entonces un carnero sustituye a Isaac.

 La idea del sacrificio del primogénito era culturalmente comprensible para quienes escuchaban la historiaPrecisamente el momento decisivo consiste en la sustitución ya que el hijo no debe morir y un animal debe ocupar su lugar

No podemos utilizar este relato como prueba de que los israelitas sacrificaban habitualmente a sus primogénitos. Pero sí demuestra que el concepto del sacrificio humano formaba parte del universo religioso conocido por aquellas sociedades.

Jefté: cuando el sacrificio no es detenido

En el Libro de los Jueces, Jefté realiza un voto antes de combatir contra los amonitas ya que promete que, si obtiene la victoria, ofrecerá a Yahvé aquello que salga primero de las puertas de su casa cuando regrese. Jefté vence y quien sale a recibirlo……  es su propia hija.

El relato es terrible precisamente porque esta vez no aparece ningún carnero sustitutorio, la lectura directa del texto ha llevado a numerosos especialistas a considerar que el relato describe efectivamente el cumplimiento de un sacrificio humano.

Nos obliga nuevamente a abandonar una visión demasiado sencilla en la que los sacrificios humanos pertenecían exclusivamente a los enemigos paganos de Israel.

Cartago

Cartago fue fundada por colonizadores fenicios y terminó convirtiéndose en una de las mayores potencias del Mediterráneo y Sus enemigos, especialmente griegos y romanos, transmitieron historias terribles sobre sus prácticas religiosas que afirmaban que los cartagineses sacrificaban niños.

Entre las divinidades principales del mundo cartaginés encontramos a: Baal Hammon y Tanit y según algunos relatos antiguos, en situaciones especialmente graves los cartagineses ofrecían incluso hijos de familias importantes. El historiador Diodoro de Sicilia relata un episodio particularmente dramático. ya que describe que durante una crisis militar, los cartagineses habrían considerado que habían descuidado sus obligaciones religiosas y realizaron sacrificios infantiles extraordinarios para recuperar el favor divino.

El relato incluye la famosa descripción de una estatua de bronce sobre cuyas manos era colocada la víctima antes de caer hacia el fuego.

Descubrimiento arqueológicos: los tophets

La arqueología encontró algo importante en Cartago apareció un enorme recinto que los investigadores denominaron convencionalmente tophet. donde se encontraron numerosas urnas con restos quemados de niños muy pequeños y animales. También aparecieron estelas e inscripciones religiosas y muchas estaban dedicadas a: Baal Hammon y Tanit es por tanto una evidencia arqueológica.

¿ Niños sacrificados o simplemente un cementerio infantil ?

Numerosos arqueólogos e historiadores consideran que el conjunto de evidencias resulta difícil de explicar exclusivamente como un cementerio para niños fallecidos naturalmente. ¿Por qué? Pues porque no tenemos solamente huesos infantiles. Tenemos:

  • cremaciones ritualizadas;
  • urnas;
  • monumentos votivos;
  • inscripciones dedicadas a divinidades;
  • restos de animales sacrificados;
  • testimonios literarios antiguos sobre sacrificios infantiles;
  • paralelos religiosos en otras fuentes del Mediterráneo y Próximo Oriente.

Cuando todas estas evidencias se consideran conjuntamente, la hipótesis del sacrificio se coinvierte en una evidencia

La pista de los animales

En algunos depósitos aparecen restos de animales. ¿Por qué?  Determinados animales funcionabancomo víctimas sustitutorias. Esta posibilidad es muy significativa porque conocemos el concepto de sustitución sacrificial en otras tradiciones antiguas.

Pero el principio religioso de una vida ofrecida en sustitución de otra aparece repetidamente en la historia de las religiones.

¿Por qué alguien sacrificaría a su propio hijo?

Un sacrificio tiene valor precisamente porque aquello que se entrega tiene valor. Cuanto mayor es la importancia de aquello que se entrega, mayor puede considerarse la ofrenda. Dentro de determinadas concepciones religiosas antiguas, entregar aquello que más se amaba podía representar la máxima expresión de sometimiento a una divinidad.

¿Qué relación tenía Baal Hammon con estos sacrificios?

Las inscripciones encontradas en contextos púnicos vinculan directamente numerosas ofrendas con: Baal Hammon y Tanit. Por tanto, existe una relación religiosa real entre estas divinidades y los espacios donde aparecen los restos cremados. En Cartago, cuando hablamos de la evidencia arqueológica, los nombres fundamentales son Baal Hammon y Tanit. Moloch pertenece principalmente a otro contexto documental y religioso, especialmente relacionado con las tradiciones bíblicas y con el complejo término molk.

La importancia del fuego

Las cremaciones son reales, los restos encontrados fueron sometidos al fuego aunque resulta mas dificil determinar si la victima era quemada viva

Hechos probados

Sabemos que existieron sacrificios humanos en diferentes sociedades antiguas y que.no son simplemente una invención medieval.

Sabemos que textos del antiguo Israel condenan sacrificios infantiles.y algunos de esos textos atribuyen esas prácticas a los propios israelitas.

Sabemos que existieron espacios púnicos con numerosos restos cremados de niños. El tophet de Cartago es el ejemplo más conocido.

Sabemos que aparecen restos animales junto a restos infantiles y por tanto esto puede estar relacionado, al menos en determinados casos, con prácticas sacrificiales y posibles sustituciones.

Sabemos que existen inscripciones religiosas. y que Baal Hammon y Tanit aparecen relacionados con aquellos espacios.

Sabemos que la cremación formaba parte de estas prácticas pero lo que no podemos establecer automáticamente es que todas las víctimas fueran quemadas vivas.

Moloch el gran símbolo del sacrificio infantil

Las imágenes religiosas sobreviven incluso cuando las religiones desaparecen. Moloch terminó convirtiéndose en la cultura occidental en algo mucho mayor que una cuestión de arqueología semítica, paso a ser el símbolo de una fuerza monstruosa que exige sacrificar aquello que más queremos.

Con seguridad a lo largo de la historia, algunas personas llegaron a creer que la situación era tan desesperada, la deuda con sus dioses tan grande o la necesidad de obtener su favor tan urgente que solamente podían ofrecerles aquello que poseían de mayor valor.

Personas normales, pertenecientes a sociedades avanzadas para su tiempo, capaces de realizar actos extraordinariamente crueles porque estaban convencidas de que formaban parte del orden religioso del mundo.

Los seres humanos podemos llegar a justificar prácticamente cualquier cosa cuando creemos, con absoluta certeza, que una fuerza superior nos la exige.

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