El juicio de Fidel Castro: del desastre del Moncada a la libertad

El 26 de julio de 1953 Fidel Castro tenía veintiséis años. No era todavía el dirigente de una revolución triunfante ni el gobernante que marcaría durante décadas la historia de Cuba. Era un joven abogado convertido en conspirador que había llegado a una conclusión: después del golpe de Estado de Fulgencio Batista del 10 de marzo de 1952, la vía electoral estaba cerrada y había que derribar al régimen por las armas. Ese razonamiento desembocó en una operación que, militarmente, fue un desastre y que pudo haber terminado con su muerte pocos días después.

La paradoja es que aquel fracaso proporcionó a Castro algo que el triunfo militar probablemente no le habría dado de la misma manera: un tribunal, una tribuna y una notoriedad nacional.

Del asalto a la matanza

 

Fidel Castro fue el principal organizador y responsable del plan del 26 de julio. El objetivo fundamental era tomar el cuartel Moncada de Santiago de Cuba, apoderarse de sus armas y provocar un levantamiento contra Batista. Simultáneamente debía ser atacado el cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo. En conjunto participaron alrededor de 160 hombres, aunque las cifras difieren ligeramente según las fuentes. Castro encabezó personalmente el contingente destinado al Moncada

La operación salió mal prácticamente desde el comienzo. Se perdió el factor sorpresa, las unidades atacantes quedaron desorganizadas y la superioridad de la guarnición hizo imposible conquistar el cuartel. Castro ordenó la retirada.Pero lo más importante para comprender lo que ocurrió después es distinguir las bajas durante el combate de las muertes posteriores.

Las cifras exactas siguen siendo discutidas, pero las fuentes históricas coinciden en algo fundamental: solo una parte relativamente pequeña de los atacantes murió combatiendo. Decenas fueron detenidos posteriormente y muchos de ellos fueron ejecutados después de su captura. El Smithsonian, por ejemplo, recoge cinco muertos durante el enfrentamiento y 56 prisioneros ejecutados posteriormente; otras reconstrucciones modifican ligeramente esas cifras, pero mantienen la misma diferencia esencial entre muertos en combate y muertos tras la derrota. Entre los muertos estuvo Abel Santamaría, segundo hombre de la organización. Fue capturado vivo y murió posteriormente bajo custodia. PBS también documenta las torturas y asesinatos de detenidos tras el fracaso del asalto.

Y Fidel Castro, responsable principal de una operación en la que muchos subordinados capturados habían muerto, consiguió sobrevivir.

No participo en el asalto y tras el fracaso se ocultó en las montañas próximas a Santiago durante varios días. El 1 de agosto fue localizado junto a dos compañeros por una patrulla dirigida por el teniente Pedro Sarría. Existen diferencias entre los relatos sobre el desarrollo exacto de aquellas horas, pero coinciden dos elementos importantes. Sarría se negó a que sus prisioneros fueran ejecutados sumariamente y los entregó vivos a las autoridades; paralelamente, el arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, estaba interviniendo públicamente para conseguir garantías para los fugitivos y evitar nuevas ejecuciones. Diversas reconstrucciones atribuyen a ambos, en distinta medida, un papel decisivo en la supervivencia de Castro. La diferencia con la suerte de muchos de sus compañeros resulta difícil de ignorar: el jefe de la operación llegó vivo ante un juez mientras numerosos subordinados capturados después de la derrota no llegaron nunca a juicio.

La acusación: de jefe de la rebelión a acusado

El proceso por los sucesos del Moncada quedó registrado como la Causa 37 de 1953. Las vistas comenzaron el 21 de septiembre ante el Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba y afectaron a un gran número de acusados, incluidos participantes en los ataques y personas a las que inicialmente se intentó relacionar con la conspiración. En el caso de Fidel Castro no había demasiado que discutir sobre quién había organizado el levantamiento ya que el mismo asumió su responsabilidad.

La acusación se apoyaba fundamentalmente en el artículo 148 del Código de Defensa Social, referido a los actos dirigidos a promover un alzamiento armado contra los poderes constitucionales del Estado. El fiscal Francisco Mendieta solicitó para Castro una pena de 26 años de prisión, teniendo en cuenta las agravantes que sostenía la acusación.Desde una perspectiva estrictamente fáctica, la posición de Castro parecía muy difícil: había organizado hombres, conseguido armas, preparado una operación militar y encabezado personalmente un ataque contra una instalación del ejército. Pero Castro era abogado y decidió ejercer personalmente su defensa y no intentó en modo alguno demostrar que no hubiera dirigido el ataque.

La defensa: el acusado pone al régimen en el banquillo

Su argumento jurídico central era sencillo. El artículo 148 protegía a los “Poderes Constitucionales del Estado” frente a una insurrección armada. Castro sostuvo que Batista no podía acogerse a esa protección porque había llegado al poder mediante el golpe militar del 10 de marzo de 1952 y había quebrantado precisamente el orden constitucional que ahora pretendía utilizar para condenarlo. En otras palabras: no negó la rebelión; negó la legitimidad constitucional del poder contra el que se había rebelado.

La defensa fue además mucho más allá de la cuestión jurídica. Castro utilizó el proceso para denunciar las muertes y torturas de los detenidos después del Moncada y exponer un programa político que incluía el restablecimiento de la Constitución de 1940, reforma agraria, medidas laborales y otras reformas económicas y sociales. La transformación era completa: el Estado pretendía juzgar a Castro por el ataque y Castro pretendía utilizar el mismo proceso para juzgar políticamente al Estado.

Hay que hacer sin embargo, una precisión histórica. El texto que conocemos como «La historia me absolverá» no debe considerarse necesariamente una transcripción literal palabra por palabra de cuanto pronunció ante el tribunal. Castro reconstruyó y desarrolló posteriormente su alegato mientras estaba encarcelado y el texto fue sacado clandestinamente de prisión y publicado. Por eso existen diferencias entre la intervención judicial y la versión convertida después en manifiesto político. El 16 de octubre de 1953, separado ya del proceso principal, Castro compareció en una sala habilitada en el Hospital Civil Saturnino Lora de Santiago.

Quince años

El tribunal no aceptó que la ilegitimidad política de Batista eliminara la responsabilidad penal del acusado. Fidel Castro fue condenado a quince años de prisión y Fue enviado al Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde se encontraban otros participantes en los ataques Durante su encarcelamiento, Castro convirtió el juicio en propaganda. El discurso fue reconstruido, impreso clandestinamente y difundido. El desastre militar del Moncada comenzó así a adquirir una dimensión política completamente distinta: el nombre del 26 de julio terminó dando incluso identidad al movimiento revolucionario posterior.

La amnistía: el condenado que salió de prisión

Durante 1954 y 1955 aumentó en Cuba la presión favorable a una amnistía de los presos políticos. Batista intentaba al mismo tiempo ofrecer una imagen de normalización política y disminuir las críticas contra su régimen. Finalmente se aprobó una amnistía general en mayo de 1955, que incluyó a Fidel Castro, Raúl Castro y los demás presos del Moncada. Fidel había sido condenado a quince años y cumplió menos de dos.

El 15 de mayo de 1955 abandonó la prisión de Isla de Pinos. Poco después salió de Cuba hacia México. Allí reorganizaría a sus partidarios, conocería y sumaría a Ernesto Che Guevara, prepararía una nueva expedición y el 25 de noviembre de 1956 partiría hacia Cuba en el Granma. El 26 de julio de 1953 Fidel Castro dirigió una operación militar que fracasó por completo. Muchos de sus hombres murieron después de ser capturados. Él escapó inicialmente, fue localizado varios días después y sobrevivió gracias a que quienes lo capturaron no permitieron una ejecución sumaria y a las garantías públicas que rodearon su detención.

Después vino el segundo hecho decisivo: Batista permitió que fuera juzgado. Y el juicio proporcionó a Castro una plataforma desde la que convirtió una derrota militar en un argumento político. El tercero fue todavía más importante: Batista lo dejó salir de prisión.

Entre el Moncada y la amnistía transcurrieron menos de dos años. En ese breve periodo, un joven abogado que había dirigido una insurrección derrotada pasó de fugitivo potencialmente condenado a muerte sin juicio, a preso; de preso, a acusado capaz de utilizar el tribunal como tribuna; y de condenado a quince años, a dirigente político puesto nuevamente en libertad. Cuatro años después de aquella amnistía, Fulgencio Batista huía de Cuba y Fidel Castro entraba como vencedor. Visto desde 1959, el juicio del Moncada parece el comienzo inevitable de esa historia. En 1953 no lo era en absoluto.


Nota El Teniente Sarría

Pedro Manuel Sarría Tartabull (1900-1972) siguió perteneciendo al ejército de Batista después de 1953, pero su comportamiento en la captura de Fidel le granjeó problemas. Las fuentes coinciden en que terminó siendo detenido, juzgado por insubordinación y condenado; las fuentes cubanas relacionan directamente esa persecución con su negativa a ejecutar prisioneros y con las sospechas de simpatía hacia los rebeldes. En 1957 fue encarcelado y posteriormente pasó a arresto domiciliario, situación en la que se encontraba poco antes del triunfo revolucionario. Una fuente biográfica independiente, The Early Fidel, confirma asimismo su arresto, juicio y condena por insubordinación. El 1 de enero de 1959, cuando Fidel entró en Santiago, Sarría fue a buscarlo. Se reencontraron y, dos días después, el nuevo poder revolucionario lo ascendió de teniente a capitán y lo nombró edecán presidencial de Manuel Urrutia, primer presidente del gobierno surgido tras la caída de Batista. Se incorporó además a la Caravana de la Libertad que llegó a La Habana el 8 de enero. Sarría continuó vinculado al nuevo régimen, aunque no llegó a convertirse en una gran figura política. Siguió estudiando Derecho y desempeñó funciones vinculadas a la Presidencia. A partir de 1964 padeció un glaucoma que terminó afectando gravemente a su visión. Murió en La Habana el 29 de septiembre de 1972, tras una larga enfermedad; varias fuentes señalan cáncer. Fue enterrado con honores militares en el Panteón de las Fuerzas Armadas del cementerio de Colón. Fidel Castro asistió a su funeral.

Nota: La alianza de Batista con los comunistas

Un dato hoy poco recordado es que Fulgencio Batista mantuvo durante varios años una estrecha colaboración política con el Partido Comunista de Cuba, posteriormente denominado Partido Socialista Popular (PSP). La aproximación comenzó a finales de los años treinta y culminó durante la presidencia constitucional de Batista, entre 1940 y 1944. Los comunistas participaron en la Coalición Socialista Democrática que llevó a Batista a la presidencia en las elecciones de 1940 y dos destacados dirigentes comunistas, Juan Marinello y Carlos Rafael Rodríguez, llegaron a incorporarse a su gobierno como ministros sin cartera.

La colaboración alcanzó también el terreno sindical y electoral. El movimiento comunista consiguió una importante presencia en la Confederación de Trabajadores de Cuba y, cuando Batista no podía presentarse nuevamente en 1944, el PSP apoyó al candidato continuista escogido por su coalición, Carlos Saladrigas, frente a Ramón Grau San Martín. Esta relación resulta especialmente llamativa vista desde la historia posterior de Cuba: algunos de aquellos dirigentes comunistas que habían colaborado con Batista ocuparían después puestos relevantes en el régimen surgido de la Revolución de 1959.

Sin embargo, hay que distinguir claramente las dos etapas de Batista. La alianza de los años cuarenta ya no existía cuando Batista tomó nuevamente el poder mediante el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Durante esa segunda etapa el PSP terminó siendo perseguido y sometido a medidas represivas; documentos estadounidenses de la época señalaban que el gobierno había ilegalizado al partido como tal, clausurado publicaciones y limitado la actividad de sus militantes. Por tanto, cuando Fidel Castro atacó el Moncada en julio de 1953, Batista y los comunistas ya no eran los aliados políticos que habían sido una década antes. La antigua colaboración, no obstante, constituye una de las paradojas menos conocidas de la historia política cubana anterior a la Revolución.

Nota: Fidel Castro en el Bogotazo de 1948

Cinco años antes del asalto al Moncada, Fidel Castro estuvo presente y participó en los acontecimientos del Bogotazo, la gran insurrección popular desatada en Bogotá el 9 de abril de 1948 tras el asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Castro tenía entonces 21 años y había viajado a Colombia para promover un Congreso Latinoamericano de Estudiantes, organizado paralelamente a la IX Conferencia Panamericana que se celebraba en Bogotá y de la que surgiría la Organización de Estados Americanos. Su presencia en la capital colombiana está perfectamente documentada. Incluso se había reunido con Gaitán pocos días antes del asesinato y el día del asesinato de Gaitán debian tener un encuentro para una entrevista periodistica, existe una foto del joven fidel en los aledaños del despacho de Gaitan.

Es sorprendente que tras el levantamiento popular que dio origen a la deriva del desgobierno en Colombia y al estar Fidel en el punto de mira de las autoridades por sospechas sobre su papel en los acontecimientos fuese llevado nuevamente a Cuba en un avión privado de la United Fruit.

Nota: Fidel Castro detenido en México y la intervención de Lázaro Cárdenas y presuntamente la embajada USA

Mientras preparaba en México la expedición que meses después partiría hacia Cuba a bordo del Granma, Fidel Castro y los miembros del Movimiento 26 de Julio estaban sometidos a una estrecha vigilancia. El 20 de junio de 1956, la policía mexicana detuvo a Castro, Ramiro Valdés y Universo Sánchez; en los días siguientes fueron arrestados otros miembros del grupo, entre ellos Ernesto «Che» Guevara. Las autoridades habían descubierto además las actividades de entrenamiento clandestino y depósitos de armas utilizados por los revolucionarios.La situación era potencialmente grave. Fidel se encontraba en México como extranjero y su organización estaba preparando desde territorio mexicano una expedición armada contra el gobierno cubano. Además de las cuestiones migratorias, la posesión y almacenamiento clandestino de armas podía comprometer seriamente la permanencia del grupo en el país. La propia prensa mexicana informó entonces de la detención de los conspiradores después del hallazgo de armas.

Tras las primeras excarcelaciones continuaron detenidos Fidel Castro, Ernesto Guevara y Calixto García. Fue entonces cuando personas vinculadas al Movimiento 26 de Julio buscaron la ayuda del expresidente mexicano Lázaro Cárdenas, figura de enorme autoridad política y moral en México. Cárdenas recibió a los defensores de los cubanos y decidió intervenir personalmente ante el presidente Adolfo Ruiz Cortines. Las investigaciones históricas atribuyen a esa gestión la liberación de Fidel; Guevara permaneció encarcelado aproximadamente una semana más.Castro recibió además una orden de las autoridades migratorias para abandonar México, pero no la cumplió. Volvió a la clandestinidad, continuó preparando la expedición y el 25 de noviembre de 1956 salió de Tuxpan a bordo del Granma con otros 81 hombres rumbo a Cuba.

Sobre este episodio se ha afirmado en ocasiones que la Embajada estadounidense en Ciudad de México intervino para obtener su puesta en libertad. Sin embargo, hasta ahora no aparece documentación suficientemente sólida que permita afirmarlo con rotundidad. Si esta demostrado que los servicios estadounidenses seguían y vigilaban las actividades de los revolucionarios cubanos.

El episodio vuelve a mostrar una circunstancia recurrente en la trayectoria inicial de Fidel Castro: por segunda vez en apenas tres años estuvo detenido después de participar o preparar una acción armada y, nuevamente, una intervención exterior a su círculo inmediato evitó que su carrera revolucionaria terminara allí.

Nota. El ejercito cubano protegiendo el petroleo norteamericano

En la Angola de la intervención cubana, la empresa clave era la estadounidense Gulf Oil, que explotaba los yacimientos de Cabinda mediante Cabinda Gulf Oil Company (CABGOC). Conviene decir «el petróleo de Cabinda» son los yacimientos mas importantes pero no los unicos. Los documentos estadounidenses de la época identifican expresamente las operaciones de Gulf allí.

Por tanto tropas cubanas protegieron instalaciones de Gulf Oil en Cabinda, pese al enfrentamiento político entre Castro y Estados Unidos. Esa relación no implica que Gulf dirigiera la intervención cubana: el petróleo aportaba ingresos decisivos al gobierno angoleño que Cuba apoyaba. Más tarde, Gulf pasó a Chevron; CABGOC sigue siendo la filial con la que Chevron opera en Angola.

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