Puerto Rico 1925–1970: cuando el control de la natalidad se convirtió en política social

La historia de la esterilización femenina en Puerto Rico durante buena parte del siglo XX constituye uno de los episodios más controvertidos de la historia social y sanitaria del Caribe. No se trató simplemente de la difusión de un método anticonceptivo. En ella confluyeron pobreza, teorías eugenésicas, políticas demográficas, intereses económicos, industrialización y una relación política muy particular con Estados Unidos.

El resultado fue extraordinario: hacia mediados de la década de 1960, aproximadamente una de cada tres madres puertorriqueñas de entre 20 y 49 años había sido esterilizada. Un estudio demográfico publicado en 1969 estimó esa proporción en torno a un tercio y concluyó que la esterilización había desempeñado un papel fundamental en el descenso de la fecundidad de Puerto Rico desde 1950.

Una isla enpobrecida y una población considerada excesiva

Para comprender lo sucedido hay que retroceder a las décadas de 1920 y 1930. Puerto Rico había pasado a soberanía estadounidense en 1898. Durante las décadas siguientes sufrió graves problemas económicos: pobreza rural, desempleo, desigualdad y unas condiciones sanitarias deficientes para una parte importante de la población, ademas en aquellos años adquirieron además una enorme influencia internacional las teorías eugenésicas. Bajo una apariencia científica se defendía que determinados problemas sociales podían combatirse interviniendo sobre la reproducción de la población.

Puerto Rico quedó atrapado en ese debate. Para determinados responsables políticos y expertos, el rápido crecimiento demográfico de la isla comenzó a ser presentado como una de las causas fundamentales de la pobreza. Era una interpretación especialmente problemática: en lugar de preguntarse únicamente por la distribución de la riqueza, la estructura económica o las condiciones laborales, se podía llegar a plantear que el problema era, sencillamente, que había demasiados puertorriqueños.

Y cuando se acepta esa premisa, controlar la natalidad deja de ser exclusivamente una decisión individual y puede convertirse en instrumento de política económica.

¿Era Puerto Rico pobre porque tenía demasiada población?

Para entender las políticas de control de natalidad que se desarrollaron posteriormente en Puerto Rico es necesario detenerse en una aparente contradicción. Durante las últimas décadas del dominio español, Puerto Rico poseía una importante economía agrícola de exportación. Entre 1870 y 1890 el café alcanzó especial relevancia y encontró buenos mercados en Europa, junto con productos tradicionales como el azúcar y el tabaco.

Después de 1898, bajo soberanía estadounidense, la estructura económica cambió profundamente. El café perdió importancia y enormes inversiones se dirigieron hacia el azúcar y otras actividades orientadas al mercado de Estados Unidos. La superficie dedicada a la caña pasó de unas 72.000 cuerdas en 1899 a 145.000 en 1909, y alcanzaría aproximadamente 238.000 en 1929.

La economía producía y exportaba cada vez más. La propia Biblioteca del Congreso estadounidense describe el periodo como uno de crecimiento económico sin precedentes, impulsado por las inversiones estadounidenses en azúcar y tabaco. Pero aquí aparece la contradicción fundamental: el crecimiento de la riqueza no eliminó la pobreza.

Una parte considerable de la población continuaba sufriendo salarios bajos, alimentación deficiente, enfermedades y condiciones de vida extremadamente precarias. El desarrollo de la industria azucarera incrementó además la dependencia del trabajo asalariado en muchas zonas y redujo terrenos anteriormente destinados a cultivos de subsistencia. Por tanto, Puerto Rico podía producir cada vez más riqueza y continuar teniendo una población pobre.

A partir de las primeras décadas del siglo XX fue adquiriendo fuerza la idea de que Puerto Rico estaba «superpoblado» y que su elevada natalidad constituía una de las causas fundamentales de su pobreza. Pero incluso entonces existían contradicciones llamativas: mientras algunos productores de café hablaban de exceso de población, productores azucareros se quejaban de falta de trabajadores. La población, además, no crecía de una manera excepcional si se compara con otros territorios. Entre 1920 y 1930 Puerto Rico aumentó aproximadamente un 18,8 %; Estados Unidos creció un 16,1 %, Nueva York alrededor del 21 %, Nueva Jersey un 28 % y California más del 65 %.

Y, sin embargo, fue en Puerto Rico donde la población se la comenzó a presentarse insistentemente como parte esencial del problema. si la producción y el comercio habían aumentado extraordinariamente y la pobreza continuaba existiendo, quizá la pregunta no debía ser por qué nacían tantos puertorriqueños, sino cómo se distribuía la riqueza que Puerto Rico generaba.

1937: un año decisivo

El gran cambio legal llegó en 1937. Ese año se produjeron reformas que permitieron la esterilización anticonceptiva y ampliaron el marco de actuación relacionado con la planificación familiar. También comenzó a funcionar un servicio anticonceptivo organizado en Puerto Rico. Un estudio publicado en 1942 analizó precisamente a casi dos mil familias de bajos ingresos admitidas en aquel servicio. A partir de entonces la esterilización femenina fue adquiriendo una presencia creciente, que en Puerto Rico acabaría siendo conocida popularmente con una expresión reveladora: “La operación”. un eufemismo de la ligadura de trompas. La expresión había entrado en el lenguaje cotidiano.

Industrialización y control de la población

Después de la Segunda Guerra Mundial Puerto Rico inició una profunda transformación económica, especialmente con el programa de industrialización conocido como Operation Bootstrap —Operación Manos a la Obra—. El objetivo era transformar una economía predominantemente agrícola en otra industrializada y vinculada al mercado estadounidense. La incorporación de mujeres a determinadas industrias formó parte de ese proceso. Al mismo tiempo, las políticas demográficas y de planificación familiar continuaron desarrollándose.

Diversos estudios históricos han relacionado ambas dimensiones y han señalado que las políticas poblacionales asociadas al proceso de modernización buscaron regular el comportamiento reproductivo de las mujeres. Muchas mujeres solicitaron voluntariamente la intervención después de haber tenido los hijos que deseaban. Para familias numerosas y con pocos recursos, disponer de un método anticonceptivo definitivo podía parecer una solución razonable. No sería correcto describir el fenómeno simplemente como la suma de miles de decisiones completamente independientes ya que las decisiones se producían dentro de un sistema que favorecía extraordinariamente un método concreto.

Cuando la opción más disponible es irreversible

Una mujer puede aceptar voluntariamente una esterilización y, al mismo tiempo, haber tomado esa decisión dentro de un entorno donde las alternativas eran escasas, difíciles de conseguir o insuficientemente explicadas. La investigación posterior ha señalado precisamente la limitada disponibilidad de métodos anticonceptivos alternativos y la actitud favorable de las instituciones hacia la esterilización como factores importantes para explicar su enorme difusión.

Además, diferentes testimonios e investigaciones denunciaron posteriormente problemas de información y consentimiento. La médica puertorriqueña Helen Rodríguez-Trías, que llegaría a ser una importante figura de la salud pública estadounidense, participó activamente en la lucha contra los abusos relacionados con la esterilización. La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos recoge que muchas mujeres puertorriqueñas esterilizadas no habían sido plenamente informadas de las consecuencias permanentes de la intervención.

No puede afirmarse con rotundidad que todas aquellas mujeres fueran esterilizadas por la fuerza, Pero es evidente que respondia a una politica eugenesica contra la población portoriqueña..

Puerto Rico y los ensayos de la píldora anticonceptiva

A esta historia se añadió durante los años cincuenta otro episodio extraordinariamente polémico. Puerto Rico se convirtió en uno de los principales escenarios de los primeros ensayos a gran escala de la píldora anticonceptiva. La investigación que acabaría contribuyendo a transformar la sexualidad y la reproducción de millones de mujeres en todo el mundo utilizó a mujeres puertorriqueñas en ensayos realizados antes de que el medicamento hubiera sido aprobado por la FDA estadounidense.

La historiografía médica posterior ha cuestionado seriamente las condiciones de consentimiento informado y protección de las participantes en aquellos estudios. Puerto Rico no solamente fue uno de los territorios donde más intensamente se desarrollaron programas de esterilización femenina. También se convirtió en un laboratorio fundamental para uno de los anticonceptivos que después proporcionarían a millones de mujeres una alternativa reversible a esa misma esterilización.

La cifra que convirtió el caso en un escándalo internacional

Durante los años cincuenta y sesenta la esterilización continuó aumentando. En 1965, una gran encuesta sanitaria realizada en toda la isla permitió calcular la magnitud del fenómeno. El demógrafo Harriet B. Presser estimó posteriormente que aproximadamente un tercio de las madres puertorriqueñas de 20 a 49 años estaban esterilizadas. Su investigación sostuvo además que la esterilización fue el principal mecanismo responsable del descenso de la fecundidad puertorriqueña desde 1950.

Otras fuentes sitúan el porcentaje alrededor del 34–35 % durante la segunda mitad de los años sesenta. Es difícil exagerar la importancia de esa cifra.

Estamos hablando de que alrededor de una de cada tres mujeres —dependiendo exactamente de la población y año utilizados para calcularla— había pasado por una intervención destinada a terminar definitivamente con su capacidad reproductiva. La esterilización femenina había dejado de ser excepcional, para convertirse en un elemento estructural de la demografía de Puerto Rico.

De la pobreza a la demografía

Puerto Rico demuestra también el peligro de convertir un problema económico en un problema demográfico. La pobreza de una sociedad puede combatirse aumentando productividad, educación, sanidad, salarios, empleo e infraestructuras. Pero también se interpreta de una manera mucho más sencilla: hay demasiados pobres porque nacen demasiados niños.

Cuando se adopta esa segunda interpretación, la política social puede desplazarse desde mejorar las condiciones de vida de la población hacia reducir el número de personas que nacerán en el futuro. Puerto Rico experimentó durante varias décadas esa tensión.

Industrialización, emigración hacia Estados Unidos y reducción de la natalidad avanzaron simultáneamente y transformaron completamente la sociedad de la isla.

1970: empieza otra discusión

Al llegar a 1970 el clima político y social estaba cambiando. El movimiento feminista, las nuevas organizaciones por los derechos civiles y profesionales sanitarios como Helen Rodríguez-Trías comenzaron a plantear una concepción diferente de los derechos reproductivos.

La cuestión ya no debía ser simplemente permitir o impedir que una mujer tuviera hijos, se debía garantizarse algo más difícil: que pudiera decidir libremente si quería tenerlos, cuándo quería tenerlos y cuántos quería tener.

Eso significaba defender simultáneamente el acceso a los anticonceptivos y el derecho a no ser presionada para utilizarlos; el acceso a la esterilización cuando fuera libremente elegida y la protección frente a una esterilización realizada sin consentimiento verdaderamente informado. Rodríguez-Trías participaría durante los años setenta en organizaciones que denunciaron los abusos de esterilización y contribuyeron al establecimiento de mayores garantías para el consentimiento informado en Estados Unidos.

Una historia que merece ser recordada

Fue el resultado de una combinación mucho más compleja: pobreza real, familias numerosas, deseo legítimo de muchas mujeres de controlar su maternidad, escasez de alternativas anticonceptivas, políticas de población, intereses económicos, ideas eugenésicas y una relación colonial con Estados Unidos que condicionó profundamente el desarrollo político y económico de la isla.

Precisamente por eso sigue siendo relevante, porque plantea una pregunta que continúa vigente casi un siglo después: ¿dónde termina una política pública destinada a ofrecer informar claramente de opciones y dónde comienza una política destinada a orientar, persuadir, condicionar y manipular las decisiones privadas de una población?

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