John Dillinger, Melvin Purvis y el nacimiento de la leyenda del FBI

La imagen del FBI como una organización policial casi infalible, formada por agentes profesionales, científicos y capaces de perseguir a un delincuente hasta el último rincón de Estados Unidos. Fue el resultado de un largo proceso de transformación institucional, pero también de una extraordinaria operación de construcción de imagen pública.

Y pocos acontecimientos contribuyeron tanto a crear esa reputación como la persecución y muerte de John Dillinger en 1934. En el centro de aquella historia aparecen dos hombres muy diferentes: J. Edgar Hoover, director del Bureau of Investigation y futuro FBI, y Melvin Purvis, el joven agente que dirigía la oficina de Chicago y que se convirtió ante la opinión pública en «el hombre que atrapó a Dillinger». La relación entre ambos acabaría siendo mucho más complicada de lo que aquella victoria podía hacer pensar.

Antes del FBI: una institución en busca de prestigio

El Bureau of Investigation había sido creado en 1908 dentro del Departamento de Justicia de Estados Unidos. J. Edgar Hoover asumió su dirección en 1924 e inició una profunda transformación interna destinada a profesionalizar la organización. Hoover quería agentes con formación, disciplina y preparación técnica. También impulsó el uso de huellas dactilares, laboratorios forenses, archivos centralizados y procedimientos científicos de investigación. Sus agentes no disponían inicialmente de las amplias competencias policiales que posteriormente asociaríamos al FBI. Muchos delitos continuaban siendo competencia exclusiva de las autoridades estatales y locales. Esto era especialmente importante en el caso de los grandes atracadores de bancos que recorrían Estados Unidos durante los años de la Gran Depresión.

Criminales como John Dillinger podían atravesar diferentes estados aprovechando la fragmentación de las jurisdicciones policiales. La situación comenzó a cambiar durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt, cuando diferentes reformas legislativas ampliaron considerablemente las competencias federales. En mayo y junio de 1934, nuevas leyes otorgaron además a los agentes federales mayores facultades de detención y la posibilidad de portar armas. Un año después, el 1 de julio de 1935, la organización adoptaría oficialmente el nombre por el que sería conocida desde entonces: Federal Bureau of Investigation, FBI.

Dillinger, el enemigo público perfecto

John Herbert Dillinger fue uno de los delincuentes más famosos de la llamada «era de los gánsteres». Su carrera criminal más espectacular fue sorprendentemente breve. Entre 1933 y 1934 participó junto a distintos miembros de su banda en robos de bancos, asaltos a arsenales policiales y fugas de prisión que ocuparon constantemente las primeras páginas de los periódicos convirtiendo su figura en un fenómeno nacional.

En los años más duros de la Gran Depresión existía además una relación ambigua entre parte de la población y los atracadores de bancos. Las instituciones financieras eran profundamente impopulares ya que millones de ciudadanos habían perdido sus ahorros, sus trabajos o sus propiedades por tanto en aquel clima, algunos delincuentes fueron presentados como una especie de rebeldes contra el sistema.

Dillinger llegó a adquirir ante determinados sectores del público una imagen casi romántica, completamente alejada de la realidad violenta de su actividad criminal la propia documentación histórica del FBI reconoce que muchos estadounidenses llegaron a convertir en héroes populares a algunos de aquellos forajidos. Para J. Edgar Hoover aquello representaba un problema era consciente de que el Estado necesitaba nuevos héroes y esos héroes debian ser los agentes federales.

El error de Dillinger

Durante buena parte de su carrera criminal, Dillinger había cometido principalmente delitos cuya persecución correspondía a las autoridades estatales, pero el 3 de marzo de 1934 escapó de la cárcel de Crown Point, Indiana. Tras la fuga robó el automóvil de la sheriff Lillian Holley y cruzó con él la frontera entre Indiana e Illinois, ese aparentemente pequeño detalle jurídico cambió la situación, dado que transportar un automóvil robado a través de una frontera estatal constituía un delito federal en virtud de la National Motor Vehicle Theft Act.

A partir de aquel momento, el Bureau of Investigation pudo intervenir directamente en su persecución. Hoover convirtió la captura de Dillinger en una prioridad. Uno de los hombres encargados de conseguirlo era Melvin Horace Purvis.

Melvin Purvis, el agente de Hoover

Purvis era un joven abogado de Carolina del Sur que había ingresado en el Bureau en 1927 y Hoover había confiado inicialmente en él y favoreció su rápido ascenso dentro de la organización. En 1932, con menos de treinta años, Purvis fue colocado al frente de la oficina del Bureau en Chicago era una responsabilidad considerable ya que  Chicago y el Medio Oeste se encontraban en el centro de la actividad de numerosos delincuentes perseguidos por las autoridades federales. Purvis participaría en las investigaciones contra algunos de los criminales más conocidos de su tiempo pero su reputación estuvo a punto de quedar destruida antes de convertirse en una celebridad nacional.

El desastre de Little Bohemia

El 22 de abril de 1934, los agentes federales recibieron información de que Dillinger y varios miembros de su banda se encontraban en el complejo turístico Little Bohemia Lodge, en Wisconsin. La operación terminó siendo un autentico desastre ya que los agentes llegaron durante la noche sin conocer adecuadamente el terreno.

Cuando un automóvil abandonó el establecimiento, los agentes dispararon creyendo que en él viajaban miembros de la banda, los ocupantes eran civiles uno murió y otros dos resultaron heridos, mientras tanto, Dillinger y sus compañeros consiguieron escapar, además durante la huida, «Baby Face» Nelson mató posteriormente al agente federal W. Carter Baum e hirió a otros dos hombres.

Fué un enorme francaso, Purvis asumió su responsabilidad y ofreció su dimisión que Hoover no la aceptó, puesto que para el Bureau, la captura de Dillinger se había convertido ya en algo más que una investigación criminal. Era una cuestión de prestigio

La información que condujo hasta Dillinger

La oportunidad definitiva apareció en julio de 1934. Ana Cumpănaș, conocida como Anna Sage, regentaba un establecimiento relacionado con la prostitución y se encontraba sometida a un procedimiento de deportación. Sage conocía a Polly Hamilton, la mujer que mantenía entonces una relación con Dillinger y a través de contactos con las autoridades, Sage hizo saber que podía proporcionar información sobre el fugitivo a cambio de obtener la nacionalidad.

La operación fue coordinada por agentes federales y por miembros de las fuerzas policiales locales, Melvin Purvis desempeñó un papel fundamental, pero no actuó solo ya que el inspector Samuel Cowley, enviado desde Washington y responsable de un equipo especial dedicado a la persecución de los grandes delincuentes, tuvo también una participación importante en la dirección de la investigación.

La noche del Biograph Theater

El 22 de julio de 1934 Anna Sage informó de que acudiría al cine con Dillinger y Polly Hamilton, No sabía inicialmente qué sala elegirían las dos posibilidades eran el Marbro Theatre y el Biograph Theater, en Chicago por tanto los agentes vigilaron ambos lugares. Finalmente Dillinger entró en el Biograph para ver Manhattan Melodrama, una película protagonizada por Clark Gable. Purvis confirmó su presencia. Samuel Cowley redistribuyó entonces a los agentes que vigilaban el otro cine y según la reconstrucción oficial, Cowley llegó incluso a telefonear a Hoover.

La orden era evitar un tiroteo dentro de la sala abarrotada de espectadores, los agentes esperarían fuera. y cuando Dillinger salió del cine alrededor de las diez y media de la noche, Purvis encendió un cigarro, Era la señal.

Los agentes comenzaron a cerrar el cerco, Dillinger advirtió la maniobra y trató de huir hacia un callejón mientras intentaba sacar una pistola.Tres agentes federales abrieron fuego: Charles B. Winstead. Clarence O. Hurt. Herman E. Hollis., sin embargo Purvis no disparó. Dillinger recibió varios impactos y murió poco después, la carrera del «enemigo público número uno» había terminado y Anna Sage a pesar del acuerdo fue deportada a Rumanía.

«El hombre que atrapó a Dillinger»

Los medios de comunicación convirtieron inmediatamente a Melvin Purvis en una celebridad, para gran parte del público estadounidense, él era simplemente: «The Man Who Got Dillinger». El hombre que había acabado con Dillinger y su rostro apareció en los periódicos, recibió miles de cartas, convirtiendose en uno de los agentes federales más famosos del país.

J. Edgar Hoover llevaba años construyendo una organización en la que el protagonismo debía pertenecer al Bureau y, en última instancia, a su director, no a un agente individual y Purvis había roto involuntariamente ese equilibrio.

Hoover VS Purvis

Hoover estaba profundamente preocupado por controlar la imagen pública del Bureau. Su filosofía institucional era clara: ningún agente debía convertirse individualmente en una figura más importante que la organización. Según testimonios posteriores, la enorme popularidad alcanzada por Purvis provocó un creciente malestar en Hoover.

El propio Hoover expresó una idea que resume perfectamente su posición, ningún empleado del Bureau debía recibir individualmente el mérito por la resolución de un caso que era fruto de un esfuerzo colectivo, desde el punto de vista organizativo, el argumento era razonable pero la relación personal entre ambos hombres comenzó a deteriorarse. Purvis fue progresivamente apartado de investigaciones importantes y sometido a una creciente supervisión, hasta que en julio de 1935 abandonó el Bureau.

Dillinger y la gran transformación de la imagen federal

La muerte de Dillinger fue una enorme victoria simbólica ya que pocos meses antes, el Bureau había sufrido el humillante fracaso de Little Bohemia, mientras que ahora podía presentar una historia completamente diferente. El fugitivo más famoso de Estados Unidos había sido localizado y los agentes federales habían acabado con él.

Durante los meses siguientes caerían también otros grandes nombres de la delincuencia de aquellos años. «Pretty Boy» Floyd murió en octubre de 1934. «Baby Face» Nelson murió en noviembre tras un enfrentamiento en el que también perdieron la vida los agentes Samuel Cowley y Herman Hollis. La llamada era de los «public enemies» comenzaba a terminar y al mismo tiempo nacía una nueva figura en la cultura popular estadounidense: el G-Man. es decor El agente federal. creando en la opinión pública la imagen de un agente, disciplinado, profesional,  preparador cientifícamente, incorruptible y capaz de enfrentarse al crimen organizado allí donde las policías locales parecían fracasar.

Era, naturalmente, una imagen cuidadosamente construida. extraordinariamente eficaz que la participación de Hollywood junto con la prensa ayudó a consolidarla.

En 1935 se estrenó incluso la película G Men, protagonizada por James Cagney., el héroe cinematográfico ya no era el gánster, ahora era el agente que lo perseguía.

Hoover entendió el poder de la publicidad

J. Edgar Hoover comprendió algo que muchos responsables policiales de su tiempo no habían entendido todavía puesto que una institución no depende únicamente de sus resultados si no que depende también de la percepción pública de esos resultados.

El Bureau desarrolló durante aquellos años una formidable capacidad para relacionarse con la prensa, controlar su narrativa y presentar sus operaciones como demostraciones de modernidad y eficacia y la persecución de Dillinger fue uno de los mejores ejemplos.

El criminal más famoso del país proporcionó al Bureau el adversario perfecto y su muerte proporcionó la victoria

El FBI, que oficialmente recibiría ese nombre al año siguiente, comenzó entonces a adquirir una dimensión casi mítica dentro de la sociedad estadounidense.

La paradoja de Melvin Purvis

Hoover quería construir una organización en la que ningún agente estuviera por encima del Bureau, pero para crear la leyenda del FBI necesitaba héroes y Purvis fue uno de ellos ya que su imagen permitió representar ante millones de estadounidenses el nuevo modelo de agente federal.

Sin embargo, cuando aquel agente adquirió demasiada popularidad, su fama comenzó a convertirse en un problema, por eso la historia de Dillinger no es únicamente la historia de la persecución de un delincuente es también la historia del nacimiento de una institución moderna y de la utilización consciente de los medios de comunicación, creando el mito del agente federal.

Melvin Purvis fue durante unos meses uno de los hombres más famosos de Estados Unidos. J. Edgar Hoover, en cambio, permanecería al frente del FBI hasta su muerte en 1972.

Y fue esa historia —la de una organización poderosa, científica e implacable frente al crimen— la que terminaría convirtiéndose en una de las grandes leyendas institucionales del siglo XX estadounidense.

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